3 PERÍODO – TEXTO 5 - LA ESCOLÁSTICA.
3 PERÍODO – TEXTO 5 - LA ESCOLÁSTICA.
En sentido estricto, se
comprende por escolástica la especulación filosófico-teológica practicada y
desarrollada en las escuelas del Medioevo, que fueron originariamente las
catedrales y conventos, y más tarde las universidades. En un sentido más
amplio, también se puede llamar escolástica al espíritu y métodos
característicos de ese momento de la historia de la filosofía o cualquier otro
espíritu o actitud similar hacia el saber encontrado en otras épocas. De igual
modo se llama escolástica a la filosofía arábigo-judía, por haber entrado en
contacto, en esta época, con el movimiento occidental. El término Escolástica,
que en su origen designaba a los maestros de las escuelas monásticas o
catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, acabó por
aplicarse a cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o
universidades.
CARACTERÍSTICAS DE LA ESCOLÁSTICA
Una de las características
principales es el método de enseñanza y los temas a enseñar. La base de las
escuelas medievales fue la enseñanza de las siete
artes liberales, que se dividían en: 1, Trivium, compuesto por gramática, dialéctica y retórica. 2, el Quadrivium, que contenía aritmética,
geometría, música, astrología (más tarde astronomía). La enseñanza en las escuelas
superiores se efectuaba, básicamente, de dos formas: la lectio y la disputatio.
En la primera, tenía la palabra sólo el maestro académico, que se ajustaba a un
libro de sentencias. La segunda, la disputatio,
consistía en un diálogo entre maestros y discípulos, en el cual se exponían argumentos
en pro y en contra de una determinada tesis. De estas clases de enseñanza
surgieron las diferentes formas literarias que caracterizan la escolástica.
Así, por ejemplo, de la lectio proceden
los comentarios, de los cuales
sobresalen los de Aristóteles. De los comentarios
nacieron las sumas. De igual modo,
de la disputatio nacieron las Quaestiones. También brotaron en la escolástica
obras temáticas más sueltas sobre un determinado problema, que se denominaron Opúsculos.
El espíritu de la
escolástica se caracteriza por dos factores fundamentales que se unen y
complementan: las auctoritas (las
autoridades) y la Ratio (la razón).
La autoridad se representa en las sentencias o dichos de la sagrada escritura,
de los padres o concilios y, en el campo de la filosofía, en las palabras de
Aristóteles (el filósofo) o de Averroes (el comentador de Aristóteles por
excelencia), las cuales fueron recogidas en los libros de sentencias, que
tuvieron gran significado. Sin embargo, a si fueran autoridades reconocidas, no
significaba que concordaran entre sí, ejemplo, San Agustín plantaba lo
contrario de Aristóteles, lo cual llevó a que interviniera la razón o el
pensamiento racional para descifrar, con análisis conceptuales, el sentido de las
doctrinas recibidas y determinar con más precisión su valor, tratando de
conciliarlas entre sí. Para lograr esta labor conceptual, se pusieron en juego
dos aspectos fundamentales: una objetividad estricta y una acertada exactitud lógica.
Para el escolástico se trata de servir únicamente a la verdad objetiva como
tal, como lo manifiesta Santo Tomás cuando dice: “Lo que interesa a mi inteligencia
no es ni aquello que tú quieres, ni lo que tu comprendes, sino la verdad de la
cosa”.
En el campo de la filosofía
y la teología, los autores escolásticos, tocaron una extensa gama de temas, tanto
del legado de la filosofía griega como de la revelación cristiana, por lo que su
principal preocupación estuvo orientada, más que en conocer nuevos temas, en
integrar los conocimientos del pensamiento griego y la revelación cristiana.
Este aspecto justifica la actitud común de los escolásticos de considerar la
armonía entre razón y fe, ya que es el mismo Dios el autor de ambas formas de
expresión, por lo tanto, cualquier contraste entre razón y fe, podía deberse
más a una interpretación incorrecta de una de las formas. Este interés es una
de las diferencias más características entre la escolástica y el pensamiento
moderno desde el renacimiento.
Como los escolásticos
creían que la revelación era la enseñanza directa de Dios, ésta tenía para
ellos un mayor grado de verdad y certeza que la razón natural. En los
conflictos entre fe religiosa y razonamiento filosófico, la fe era siempre el
árbitro supremo, la decisión de los teólogos prevalecía sobre la de los filósofos.
Después de principios del siglo
XIII, el pensamiento escolástico puso mayor énfasis en la independencia de la filosofía
en su campo propio. A pesar de todo, durante el período escolástico la filosofía
estuvo al servicio de la teología, no sólo porque la verdad de la filosofía estaba
subordinada a la de la teología, sino también porque los teólogos utilizaban la
filosofía para comprender y explicar la revelación.
También se ha mirado la escolástica
desde tres etapas: la primitiva escolástica, la alta escolástica y la baja
escolástica o período de decadencia.
Las bases de la primitiva
escolástica están en la obra de Carlomagno, ya que con él comienza una nueva
vida cultural, como lo muestran las diferentes figuras que sobresalen en las
escuelas de su imperio. Entre estos están: Juan Escoto Eriúgena, Pseudo-Dionisio
Aeropagita, San Anselmo de Cantorbery (considerado el padre de la escolástica),
Pedro Abelardo, la escuela de chartres y la mística.
La alta escolástica (siglo
XII, aproximadamente) se ve beneficiada por tres aspectos que convergen
simultáneamente en este período, que son: el recibimiento de Aristóteles, que ocurre
de dos formas: una directa por traducciones del griego y otra indirecta, a
través de la filosofía árabe y judía; el otro aspecto es el apogeo de las universidades
y, por último, la actividad científica de las nuevas órdenes religiosas. Entre
sus representantes más sobresalientes se encuentran: Averroes, Avencebrol,
Avicena, Boecio, Pedro Lombardo, Rogerio Bacon, San Buenaventura, San Alberto
Magno, Santo Tomás de Aquino y el maestro Eckhart.
La baja escolástica, que abarca
los siglos XIV y XV, es considerado como un período de decadencia, por no registrar
en la historia creaciones nuevas y limitarse a tratar problemas serios, pero sin
ir más allá de sus aspectos superficiales. No obstante, se deben destacar dos hombres,
uno a su comienzo, Guillermo de Ockham, y otro a su final, Nicolás de Cusa.
A Continuación se registraran
los aspectos más importantes de los tres autores más representativos de la
escolástica.
*San Anselmo de Cantorbery
(1033–1109).
Procede de Aosta, norte de
Italia. Fue abad en Normandía y luego arzobispo de Cantorbery. Se cree que con él
comienza la primitiva escolástica. Sus dos obras más nombradas son el Monologium, que trata sobre la sabiduría
de Dios, y el Proslogium, referido a
la existencia de Dios.
Es un pensador educado por
entero en San Agustín. Cree que los enunciados de la fe, tanto en sus
contenidos como en su relación interior, deben ser vistos de un modo racional, lógico
y organizados en un sistema coherente, deduciendo unos de otros para abrir la
inteligencia desde las más profundas bases. Sin embargo, este método racional no
resuelve los misterios de la fe, sino que trata de elaborar racionalmente y dar
moldes lógicos a los datos revelados, pues sus premisas son más del orden
religioso que filosófico, como lo muestra la interpretación de la frase de San
Agustín: “No quiero entender para creer, sino creer para poder entender.”
San Anselmo se ha ganado un
puesto en la historia de la filosofía por su prueba de la existencia de Dios,
que más adelante se denominaría ontológica. El razonamiento es como sigue: “La
razón encuentra en sí misma la idea de un ser, el ser sumo que se puede pensar
(id quo maius cogitari non potest).
Si este ser existiera sólo en la mente, no sería el mayor ser cogitable, pues
se podría pensar todavía un ser superior a él, el ser, en efecto, que no sólo existiera
en la mente, sino también en la realidad. Consiguientemente, la idea del ser sumo
exige que este ser no sólo exista en la mente, sino también en la realidad.” En
su mismo tiempo, San Anselmo encontró replica a su argumento, como fue la del monje
Gaunilon, que sugería que al pensar en una isla perfectísima se seguiría que
esa isla existe. La respuesta de San Anselmo se fundamenta en el concepto “del
ser que contiene en sí toda perfección”. A las objeciones iniciales le
siguieron otras hasta Kant, pero San Anselmo, en su empeño por convencer por la
razón lo que enseña la fe, se mantuvo firme en su argumento.
El concepto de verdad que
defiende San Anselmo da más claridad al argumento de la prueba de Dios. Para él
la verdad significa rectitud de las esencias, esto es, conformidad con el
modelo existente en la mente de Dios, que está en el espíritu y sólo puede ser
percibido por el espíritu; lo cual implica que en la idea de Dios hay una
conexión necesaria entre esencia y existencia la cual, según San Anselmo, es la
verdad primera. Por tanto, para él, pensar y ser están íntimamente
relacionados, contrario al pensamiento moderno.
*Santo Tomas de Aquino (1224–1274).
Nace en Roccaseca, Italia,
en una noble familia napolitana. Se educó en el monasterio Monte Casino (de los
5 a los 14 años). A los 14 sigue sus estudios en Nápoles con Pedro de Hibernia,
quién le enseñó el Quadrivium. De 1239
a 1243 estudia en la Universidad de Nápoles. Ingresa de 20 años a la orden dominicana
y, un año después, se dirige a Paris para seguir sus estudios. De 1248 a 1252,
estudia en Colonia bajo el magisterio de San Alberto magno. De 1252 a 1255 es bachiller bíblico y comenta las sentencias. En
1256 se gradúa con San buenaventura de Magíster en la Universidad de Paris. Después
de tres años de docencia, regresa a Italia, donde conoce a su hermano en religión
Guillermo de Moerbeke, quién le facilita traducciones directas y seguras del griego
de los escritos de Aristóteles, Proclo, Arquímedes y de los comentadores
aristotélicos más importantes, lo que para Santo Tomás fue de gran importancia.
Regresa a Paris de 1269 a 1272, que fue el período científico de su vida,
además de las polémicas con el averroísmo y con los contradictores de la
escuela franciscana. En 1272 vuelve a Italia para dedicarse al estudio de la
orden y a la Universidad de Nápoles. Cuando el Papa Gregorio X lo llama al
concilio de Lyón, muere durante el viaje en el monasterio cisterciense de Fossanuova,
el 7 de marzo de 1274.
Como filósofo y teólogo italiano,
su obra fue amplia y fecunda y puede dividirse en: 1; comentarios a Aristóteles, a la Metafísica, Física, Política y otros. 2; Obras filosóficas
menores, como la unidad del pensamiento
contra los averroístas. 3; obras teológicas de importancia filosófica, como
los comentarios a las sentencias y la
summa theologica, entre otras. 4; Quaestiones
disputatae, de la verdad, de la
potencia, del alma y del mal. 5; Obras apologéticas, como la suma contra gentiles o suma filosófica,
entre otras. 6; Escritos de filosofía práctica, como de regimine principium y otros. Existen algunas ediciones de
su obra completa traducidas al español.
Dentro de la gran variedad
de temas que trató este autor, interesa destacar, en este escrito, el del
conocimiento, por ser la línea directriz de los otros temas. Para el origen del
conocimiento, Santo Tomás parte de la doctrina de San Agustín sobre las razones
eternas. Para San Agustín, como se señaló en su momento, es a partir de las razones
eternas que se conocen todas las cosas, idea que había sido aceptada por la mayoría
de autores. Para santo Tomás, siguiendo a Aristóteles, lo primero que se conoce
no es Dios, como lo supone la teoría de las razones eternas, sino las cosas sensibles:
“Es natural llegar a lo suprasensible a través de lo sensible, porque todo
nuestro conocimiento arranca de lo sensible” Más adelante agrega: “Lo primero que
en esta vida nos es dado conocer, es la esencia de las cosas materiales, que constituyen
el objeto propio de nuestro entendimiento.” Para Santo Tomás no basta, para
llegar al verdadero conocimiento, contemplar sólo la luz divina, por lo que se
necesita del conocimiento de lo sensible.
El conocimiento, según el pensamiento
tomista, pasa por tres grados para el nacimiento y progreso del total saber: 1;
Se percibe el mundo concreto en su extensión individual, que es el mundo de la
filosofía natural o ciencia, su objeto es ens
mobile; 2, Se fija el objeto en la extensión en general como tal, teniendo
en cuenta sus relaciones cuantitativas, se da el ens quantum y 3, Cuando se piensa sólo en puras determinaciones y
aspectos ideales, brota el mundo de la ciencia metafísica, que tiene como objeto
el ser en cuanto ser y sus determinaciones más generales. Por medio del ser se
dan los principios supremos, tanto del saber en general como de las ciencias
particulares; por eso, al conocer el concepto de ser, se ilumina el saber en general.
El ser es el concepto más general y lo primero conocido por el hombre.
Empero, su obra no hubiera
sido medieval si la fe no tuviera un lugar destacadísimo en ella. Para Santo
Tomás, como para San Agustín, la verdad aprendida no tiene su origen en la
experiencia material como tal, sino en las relaciones de las formas eternas,
que son las que se revelan al ser humano. Esta primacía de la fe sobre la razón
se ve en la siguiente afirmación: “Se ha de rechazar como falso lo que en las
otras ciencias se muestra estar en contradicción con la teología”
Además de lo señalado, el pensamiento tomista se ocupó de temas como el ser y sus diferentes aspectos: el bien, la existencia de Dios, el alma, la ética, el derecho, el estado y otros. Todos estos asuntos fueron tratados por él, con una intensidad y profundidad nunca antes lograda por los autores del medioevo.
Valorado con más fortuna que ningún otro teólogo o
filósofo, Santo Tomás trabajó al servicio de su fe. En su esfuerzo para
reconciliar fe con razón, creó un pensamiento unitario de las obras y
enseñanzas de Aristóteles, San Agustín y otros padres de la iglesia como Averroes,
Avicena y otros eruditos islámicos. Esta síntesis se encuentra severamente
señalada, con una claridad inigualable, en el siguiente texto de E. Gilson: “No
es la originalidad, sino el vigor y la armonía de la construcción lo que
encumbra a santo Tomás sobre todos los escolásticos. En universalidad de saber
le supera san Alberto Magno; en ardor e interioridad de sentimiento, san
Buenaventura; en sutileza lógica, Duns Escoto; a todos sobre puja santo Tomás
en el arte del estilo dialéctico y como maestro y ejemplar clásico de una
síntesis de meridiana claridad”
Santo Tomás marcó un hito en su época. Después de él los filósofos occidentales sólo podían elegir entre seguirle con humildad o buscar otra dirección. A pesar de que, en los siglos posteriores a su muerte, la tendencia dominante y constante entre los pensadores católicos fue adoptar la segunda alternativa, el interés en la filosofía tomista empezó a restablecerse, hacia el final del siglo XIX. Hoy la filosofía tomista sigue despertando gran interés, tanto en los católicos como no católicos.
*Guillermo de Ockham (1300-1349)
Nace en Londres. Estudia y enseña en Oxford. Es acusado y citado en Aviñon por sus doctrinas antieclesiásticas, por lo que huye y se pone bajo la protección de Luis de Baviera. Desde 1329 vive en Munich apoyando los intereses políticos y eclesiásticos de su protector. Cuando muere Luis de Baviera, Ockham se retracta de su primera actitud para reconciliarse con el Papa. Muere en Munich. La obra filosófica más conocida son los comentarios a las sentencias.
Sobre el origen del conocimiento, contrario a San Agustín
y Santo Tomás, Ockham cree que la experiencia sensible es la auténtica causa.
Según él, “no necesitamos más que la mirada sensitiva e intuitiva, dirigida a los
objetos del mundo externo, o la intuición espiritual y reflexiva sobre nuestros
propios actos interiores anímicos, y ya tenemos el origen de nuestro conocimiento
de un mundo real. A partir de aquí formamos después por abstracción los conceptos
universales y juicios, tenemos ya con ello los elementos con los que opera la
ciencia.” A partir de estas ideas Ockham rechaza los universales, porque no son
una realidad tangible, sino cosas de la mente. En otras palabras, los
universales están en el alma y no en las cosas. Lo que hay en el alma son signos
y, como tales, son algo convencional, un mero nombre con que se llaman las
cosas. Por eso “el universal no es producido, sino que resulta de la operación
abstractiva, que no es otra cosa que una especie de ficción.” Estas
afirmaciones hacen que a Ockham se le catalogue de nominalista, para él hay un
mundo objetivo y una verdad objetiva, pero los límites entre ambos son mucho
más estrechos.
Otro elemento que ayuda a comprender los planteamientos de
Ockham sobre el conocimiento, es el papel que tiene lo individual en su
pensamiento: lo individual es lo primero conocido y lo único propiamente
conocido. Incluso en Dios no hay ideas universales. Según él, Dios crea sólo lo
individual. En esto Ockham es muy radical y es consecuente hasta el final. Esta
concepción de lo individual se ha proyectado sobre su doctrina de Dios de forma
original. Para él, Dios no es una voluntad caprichosa, también tiene leyes que lo
rigen como, por ejemplo, el principio de contradicción y el principio de un
determinado orden de las cosas.
Como se puede deducir de lo dicho hasta hora, Ockham es
el digno representante del declive del pensamiento medieval, al no asignarle un
papel preponderante a la fe en su pensamiento en general, y en el origen del
conocimiento en particular.
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